Pensábamos que nuestra laguna era lo mejor que se podía encontrar. Y entonces descubrimos el otro. Un spot que no vamos a nombrar ni a situar en un mapa. Un sitio así, apetece guardarlo un poco más para nosotros.
¿Dónde está?
No.
Digamos que en algún lugar de la laguna de Bilene. Las coordenadas GPS están en un solo teléfono, y ese
teléfono no se presta.
¿Cómo se llega?
En barco, por la mañana, en quince minutos. Sin carretera, sin aparcamiento. El barco se detiene, pisas la arena y el resto del mundo se queda en la otra orilla.
¿Cuándo?
Solo cuando el viento entra en la dirección buena, y no pasa a menudo. No se puede reservar. Una mañana, alguien mira el cielo y suelta: «Hoy vamos». Quien no está en el barco ve las fotos por la noche en el bar. Y duele.
¿Qué hay allí?
Un banco de arena blanca, un canal de agua plana trazado con regla y una zona poco profunda gigantesca donde el agua se vuelve turquesa. Y a menudo, flamencos que te miran pasar como si fuera lo más normal del mundo.
Hasta los pros alucinan
Freestylers profesionales que han navegado en los mejores spots del mundo bajan del barco y, durante unos segundos, nadie dice nada. Quienes han estado allí hablan de una de las mejores sesiones de su vida.
¿Para qué nivel?
Para todos. El canal para los avanzados y la inmensa parte superior para los principiantes: allí damos clases. Aprender donde los pros alucinan, con flamencos de público, pone el listón bastante alto. La escuela de kite →
¿Cómo tener una oportunidad de ir?
Estar en Bilene la mañana en que el viento dice que sí. Es decir, venir en temporada (de septiembre a marzo) y quedarte un tiempo. Los demás días, la laguna de siempre cumple: 90 % de días navegables y nadie en tu ventana.
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